El teatro es quizás una de las artes más difíciles, puesto que han de establecerse tres conexiones simultáneamente y en perfecta armonía: los vínculos entre actor y su vida interior, entre el actor y sus compañeros y entre el actor y el público.
En primer lugar, el actor debe sostener una relación profunda y secreta con sus más íntimas fuentes de significado. Los grande cuentistas que he visto en las casa de té de Afganistán e Irán recuerdan antiguos mitos con gran regocijo, pero también con una seriedad interior. En todo momento se abren a su público, no para complacerlo, sino para compartir con él las cualidades de un texto sagrado. En la India, los grandes cuentistas que relatan el Mahabarata en los templos no pierden jamás el contacto con la grandeza del mito que están en proceso de revivir. Tiene el oído vuelto tanto hacia su interior como hacia el exterior. Así debería ser para todo auténtico actor. Significa estar en dos mundos al mismo tiempo.
Esto es muy difícil y complejo y conduce hacia el segundo reto. Aun cuando el actor que interpreta a Hamlet o al Rey Lear esté escuchando la reacción que provoca el mito en las más recónditas áreas de su psique, también ha de mantener el contacto con los demás actores. En el momento en el que actúa, una parte de su vida creativa debe estar vuelta hacia su interior. ¿Es posible que lo haga al cien por cien, sin permitir que lo separe, ni siquiera por un instante, de la persona que tiene ante él? Es tan increíblemente difícil que suele aparecer siempre la tentación de engañar. A menudo uno ve a actores, en ocasiones grandes actores, y cantantes de ópera, sobre todo, conscientes de su fama, totalmente absortos en sí mismos, fingiendo tan sólo que actúan con su compañero. No podemos descalificar esta inmersión en sí mismos como mera vanidad o narcisismo. Por el contrario, puede ser el resultado de una honda preocupación artística, que desgraciadamente no llega tan lejos como para englobar por completo a la otra persona. Un Lear fingirá actuar con su Cordelia con una muy hábil imitación del acto de mirar y escuchar, pero en realidad sólo se preocupará por ser un compañero cortés, que es muy diferente a ser parte de un dúo que crea un mundo conjunto. Si se limita a ser el disciplinado compañero actor, parcialmente desconectado cuando no le toca hablar, no podrá ser fiel a su principal obligación, que es mantener el equilibrio entre su comportamiento externo y sus impulsos más íntimos. Casi siempre se descuida algo, excepto en momentos de gracia, cuando no hay tensión ni subdivisiones, cuando el conjunto que actúa es puro y carece de fisuras.
III) “La Puerta Abierta”, de P.Brook
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Alejandra
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3.8.07
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Etiquetas: ACTUACIÓN I
“La puerta Abierta”, de P. Brook ( continuación)
II) En una aldea de Bengala tuve ocasión de contemplar una ceremonia de gran intensidad llamada Chauu. Los participantes, gentes de la aldea, escenificaban batallas moviéndose hacia delante con pequeños saltos. Lo hacen mirando fijamente frente a ellos. En su mirada hay una fuerza extraordinaria, una intensidad increíble. Pregunté a su maestro: “Qué hacen ¿En qué se concentran para tener una mirada tan intensa?”. El me respondió: “Es muy sencillo. Les digo que no piensen en nada. Sólo tienen que mirar hacia delante y mantener los ojos bien abiertos.” Comprendí que jamás conseguirían esa intensidad si se concentraran en cosas como “¿qué siento?”, o si hubieran llenado el espacio de ideas. Para una mente occidental, esto resulta difícil de aceptar, porque hemos convertido las “ideas” y la mente en deidades supremas desde hace siglos. La única respuesta se halla en la experiencia directa, y en el teatro es posible experimentar la realidad absoluta de la extraordinaria presencia del vacío, comparada con el pobre revoltijo de una cabeza atestada de pensamientos.
¿Cuáles son los elementos que perturban el espacio interior? Uno de ellos es la racionalización excesiva. ¿Porqué insiste uno en preparar las cosas de antemano? Casi siempre se hace para luchar contra el miedo de quedar en evidencia. En épocas pasadas conocí a actores convencionales que preferían recibir todo tipo de instrucciones del director el primer día de ensayos y que no les volvieran a molestar. Para ellos era el paraíso, y si deseabas modificar algún detalle dos semanas antes del estreno se ponían muy nerviosos. Teniendo en cuenta que a mí me gusta cambiarlo todo, algunas veces incluso el día de la función, me resulta imposible volver a trabajar con este tipo de actores, si es que aún existen. Prefiero trabajar con actores que disfruten siendo flexibles…” “En estos casos no sirve de nada decirles “note preocupes”, porque es el medio más seguro de asustarlos aún más. Hay que demostrarles con toda sencillez que eso no es cierto. Unicamente repetidos ensayos y la experiencia de las representaciones permitirán al director demostrar a un actor que el espacio se llena de auténtica creatividad cuando uno no busca seguridad.”
Hasta aquí Peter Brook. Esto nos sirve para comprender más que al entrar a una escena debemos trabajar el preconflicto en el cuerpo, no para llegar cargados de sentimientos o pensamientos, sino para crear una situación determinada usando los conflictos Físicos, al menos en primera instancia. Luego de la interacción surgirán relaciones o situaciones no previstas que irán cargando de ORGANICIDAD nuestra conducta. Transformando al otro me transformo a mí. A riesgo de ser repetitiva en las clases que digo siempre lo mismo, ahora también se los escribo! Hasta que se les haga caarrneee….
por
Alejandra
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22.7.07
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Etiquetas: ACTUACIÓN I
